A lo largo de las últimas décadas, varias rutas ganaron notoriedad no solo por su trazado o su entorno, sino por relatos que se transmiten entre conductores y comunidades locales. Estas vías se reparten entre Estados Unidos y distintos países europeos y, en su mayoría, combinan tramos agrestes con zonas urbanas cercanas. En cada caso persistió una tradición que sitúa a la ruta en un marco de misterio que sobrevive al paso del tiempo.
En el suroeste de Estados Unidos, la Ruta 666 se convirtió en símbolo de inquietud por atravesar Colorado, Nuevo México y Utah. Sus tramos montañosos, las curvas pronunciadas y zonas desoladas favorecieron historias de apariciones, desapariciones y accidentes inexplicables, junto con relatos de luces extrañas y encuentros sobrenaturales. Con el tiempo, su fama llevó a que se la conociera como “la ruta del diablo”. En 2003, las autoridades decidieron cambiar su denominación a Ruta 491, con el objetivo de reducir problemas vinculados a la numeración, como el frecuente robo de carteles. Aunque el nombre dejó de figurar en los mapas, las leyendas siguieron circulando entre quienes transitan esa ruta.
En la provincia de Cáceres, España, existe otro sendero que une Peraleda de la Mata y Torviscoso y que figura entre las historias más inquietantes de la región. Su protagonista es una niña que viste de primera comunión y que, según la tradición, aparece frente a la ruta durante la noche. El origen de la leyenda se sitúa en el siglo XIX, cuando una comitiva de carruajes regresaba de una celebración religiosa y, al pasar por las ruinas de la antigua aldea de Valparaíso, los caballos se asustaron ante posibles presencias de fauna salvaje y comenzaron a galopar sin control. En distintas versiones se mencionan lobos, perros salvajes e incluso serpientes como responsables del episodio. Décadas después, durante los años cincuenta, otro hecho habría contribuido a fortalecer la historia y la fama del lugar.




