El Gobierno destacó un crecimiento del empleo, pero con un matiz central: no todas las ocupaciones ofrecen iguales ingresos ni condiciones laborales. Si bien avanzó la cantidad de personas ocupadas desde fines de 2023, gran parte de ese incremento se concentró en el cuentapropismo informal, cuyos ingresos son significativamente más bajos que los de los trabajadores asalariados registrados.
Según la consultora Equilibra, en julio el salario neto promedio de un empleado privado formal fue de 1.860.000 pesos mensuales. En el extremo opuesto, un cuentapropista informal percibió 700.000, cifra que representa el 38% de la remuneración del primer grupo. Por su parte, los cuentapropistas formales ganaron 1.800.000, prácticamente igualando a los asalariados privados registrados. Los empleados públicos formales cobraron 1.670.000, mientras que los trabajadores “en negro” obtuvieron 890.000.
Estas cifras permiten afirmar que la diferencia fundamental no es tanto entre depender de una relación de empleo o trabajar por cuenta propia, sino el grado de formalización de la actividad.
Entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo trimestre de 2026, el total de ocupados aumentó en 270.000 personas, mientras que el desempleo creció en alrededor de 290.000. Este patrón ayuda a entender por qué la tasa de desocupación mostró un incremento moderado durante ese período.
La clave está en la composición: se perdieron 210.000 puestos formales y se incorporaron 480.000 en el sector informal. Dentro de este último grupo, los cuentapropistas crecieron en 490.000 puestos, y los asalariados disminuyeron en 10.000.
La transformación fue especialmente marcada para el empleo asalariado privado registrado: desde fines de 2023 se destruyeron 260.000 puestos de esa modalidad. Julio marcó el decimocuarto mes consecutivo de caídas en ese segmento, con Industria y Comercio como los rubros más golpeados.
Esta sustitución entre modalidades laborales tiene consecuencias de alcance macroeconómico. El análisis de Equilibra sobre la masa salarial muestra que la incorporación de 490.000 cuentapropistas informales, con un ingreso promedio de 700.000, suma alrededor de 343.000 millones de pesos mensuales. En contraste, la pérdida de 260.000 puestos asalariados privados formales, con una remuneración media de 1.860.000, equivalía a unos 484.000 millones mensuales. La diferencia entre ambos totales resulta en una caída de aproximadamente 141.000 millones de pesos mensuales en la masa salarial.
En otras palabras, casi dos empleos informales por cada puesto asalariado privado formal destruido no lograron compensar la merma en la masa salarial total. Además, la dinámica entre modalidades implica varianzas considerables en aportes previsionales, contribuciones patronales e impuestos, que también dependen de si la actividad es formal, informal o autónoma.
